Tú (II)

Por más que lo intento me es imposible impedir que mis pensamientos vuelvan a tí una y otra vez, suaves como la brisa del mar en las alas de las gaviotas, ardientes como las llamas que lamen los troncos de la hoguera, salvajes como una manada de lobos rondando a un cordero indefenso.

¿Quién eres? Eres todo lo que yo quiero conseguir, retales de deseos almacenados durante toda una vida escondido en una cueva donde, iluminado por una pobre hoguera, intentaba imaginar cómo sería el Sol y darle tu imagen. He salido de la cueva, pero por ahora aun es de noche.

Esperaré a que se haga de día.

Aunque parece que estoy curado, todavía me queda mucho camino por recorrer. Tengo que perder el miedo a hacer cosas que nunca he hecho.

Me he dado cuenta demasiado tarde de que te has metido tan dentro de mí como para poder sacarte fácilmente. Una vez libre de todo lo que hasta hace poco ha sido mi vida, todos los impusos que surgen desde lo más profundo de mi ser no tienen ningun freno, y a duras penas logro frenarlos para que no salgan. No porque sean perniciosos, ya que son lo más maravilloso que he sentido en mucho tiempo. Pero pueden romper de tan fuertes, pueden quemar de tan ardientes, pueden deslumbrar de tan luminosos, pueden envenenar si no se toman con cuidado, ... Todo esto me asusta. Que tú serías la persona perjudicada me aterroriza. El miedo al rechazo me paraliza. Y me he decidido a que el miedo no me domine.

Tengo que hacerlo. Lo diré al mundo entero. Que toda la humanidad sea testigo de lo que siento.

Harto

Estoy harto de ser sólo el mejor amigo de muchas mujeres que me gustan.

Qué buena y qué mala

Me relaja. Tiene el poder de relajarme. Normalmente no me agito y mantengo la calma siempre que me es posible, pero cuando me altero o me agito, es muy difícil tranquilizarme. Pero ella lo consigue. Consigue que con muy poco esfuerzo vuelva a mi cauce. Es fácil y rápido. ¿Qué más necesito?

Últimamente me he dado cuenta de que necesito relajarme más a menudo. Incluso aunque no me altere, la necesito. Hay veces que sin ella no puedo pensar. Otras veces el simple hecho de no tenerla me altera. Creo que empiezo a depender de ella.

No necesito otras drogas. Ésta es de carne y hueso.

Finalmente estoy solo

Yo sólo. Conmigo mismo. Con tiempo para todo. Mejor dicho, para gastar como mejor me parezca. Puedo hacer uso de toda la libertad del mundo. Puedo decidir lo que quiero, y lo que no quiero, y lo que hago, y lo que no voy a hacer. Tantas cosas que me da vértigo. No llega a ser miedo, ni siquiera temor. Es sólo la incomodidad del cambio y de la búsqueda de una nueva rutina para los asuntos menos trascendentes.

Pero compensa. Por ahora, compensa. Hasta que la nueva vida me agobie tanto como la que ahora acaba, voy a explorar todos y cada uno de los rincones de mi alma, y tocar todos los resortes de mi ser. No quiero a llegar a mis límites, ni batir ningún record, pero soy consciente de que hay partes de mí que no conozco, y quiero que dejen de estar en la oscuridad.

Si quieres, estás invitado a acompañarme en este viaje.